Reseña “El intenso calor de la luna” de Gioconda Belli

≈ Literatura Latinoamericana 
≈ 320 páginas, 2014. Seix Barrial 

Tras dedicarse por entero a formar una familia, dejando atrás proyectos profesionales, Emma llega a la madurez de sus 48 años. Sus dos hijos ya se han marchado de casa y la relación con su marido ha perdido el encanto de los primeros años. Cuando su cuerpo de mujer atractiva y sensual muestra los primeros signos de cambio, Emma se angustia y teme perder los atributos de su feminidad.

En medio de una vorágine de pensamientos negativos, un hecho fortuito la lleva a entrar en contacto con una realidad ajena a la suya donde encuentra una inesperada pasión que cuestiona su apacible rutina y la lleva a descubrir el gozo, la sexualidad y las posibilidades de realización de esta nueva etapa de su vida.

El intenso calor de la luna cuenta la historia de Emma, un personaje flaubertiano que se rebela contra el papel que le impone la sociedad a la mujer madura. Gioconda Belli explora la identidad femenina en la menopausia, cuando la mujer debe ir más allá de los mitos que centran su valor en la belleza juvenil y la fertilidad, para descubrir un nuevo erotismo y el poder de ser ella misma.

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1.- Autora

Poeta y escritora nicaragüense, graduada en Publicidad y Periodismo en Filadelfia. Con un fuerte compromiso político, estuvo vinculada el Frente Sandinista de Liberación Nacional además de interesarse ampliamente por el mundo femenino, profundizando el papel de las mujeres en la sociedad, además de tocar sin tapujos temáticas asociadas a la sensualidad y sexualidad femeninas. Cuenta con numerosas antologías de poesías, además de distintas novelas, algunas de ellas alabadas por la crítica. Por nombrar algunos reconocimientos, su primera novela, La mujer habitada, recibió el Premio de la Fundación Friedrich Ebert y el Premio Anna Seghers (1989). Su novela El Pergamino de la seducción recibió el Premio Pluma de Plata (2005), mientras que El país de las mujeres recibió el Premio Hispanoamericano de Novela La Otra Orilla (2010). Actualmente, se considera una de las escritoras latinoamericanas más leídas en América y Europa.

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2.- Opinión

Descubrí a Gioconda Belli en una feria del libro hace muchos años. Desde ahí he tenido un flechazo con su letra. Si bien solo he leído dos de sus novelas, me he nutrido de su poesía que me parece exquisita y realmente envolvente. Cuando vi una reseña de este libro relativamente reciente me interesó muchísimo y tenía altas expectativas. Pero me he encontrado con una novela que me ha parecido floja en cuanto a argumento, cargada de estereotipos, simplista en la forma de presentar los hechos y predecible. Sin embargo, no ha sido un completo bodrio. A momentos, sentía que volvía a leer a esa Belli audaz y sensual, que proyecta ideas progresistas sobre la mujer y su condición social.

Con respecto al argumento, nos encontramos con Emma, una mujer de clase acomodada envuelta en la rutina del matrimonio e inquieta por los cambios que está comenzando a experimentar en su período menopaúsico. Por azares del destino, su vida se cruza con Ernesto, un joven hombre de clase media que trabaja como carpintero, a quien la vida le rebosa y con quien inmediatamente tiene una conexión. La idea de trabajar la menopausia como un tabú social y relatar aquellas emociones que viven algunas mujeres en lo íntimo me ha parecido maravillosa, pero el tomar esta historia de telón de fondo para desarrollarla es lo que me ha hecho tortuosa la lectura (en lo que queda de párrafo, daré a entender algunos spoiler para quien no quiera seguir). Una idea totalmente cliché y estereotipada: Mujer rica y entrada en edad con hombre joven y sin dinero, se enamoran de una forma electrizante y tiene una pasión desenfrenada. Mujer aburrida y hastiada de su vida se encuentra con un hombre pobre, pero ¡ojo!, súper interesante, culto, seductor, bello y amante sexual más que satisfactorio. Lo siento, pero si esto no es cliché, no sé qué lo es. Además, desde el minuto uno, la autora nos da a entrever una aventura, y el enganche de la novela se pierde: se torna absolutamente previsible (y no solo con el romance principal, sino también con otros acontecimientos).

En ocasiones, me cuestioné si este sabor amargo se debía a estar leyendo algo de lo que no me sentía parte (la menopausia). Creo que no fue así, sin embargo, sí creo que tuvo que ver con un tema social. Me explico: creo que luego de hacer casi un meta análisis de mi postura ante el libro, puedo entender que desde mi esfera social las problemáticas de Emma me han parecido realmente insulsas, superficiales e inclusive arrogantes. Es decir, ella desde su posición económica pudo permitirse la preocupación casi obsesiva por su cuerpo, por ende, lo hace “porque puede”, es una problemática “porque no hay otra”, en un entorno donde todas las mujeres se dan el lujo de desvivirse por la apariencia (algo así como Maslow aplicado). Al realizar esta reflexión, expongo que como en todos, mis filtros personales interfieren en como interpreté el trasfondo temático de la novela, aun cuando no sea de esas personas que necesitan identificarse con las vivencias del personaje para otorgarles validez. Sin embargo, sea porque la autora no logró convencer o porque mis propios paradigmas me lo impidieron, no me termina de cerrar la problemática de Emma.

       “Los calores amenazan su vida útil como hembra de la especie. Se imagina despojada de todos los signos de la femineidad, invisible, descartada y descartable. No concibe vivir sin sexualidad,  sin las señas de la identidad que han sido su insignia, su bandera de navegación hasta ahora. “

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Sin embargo, la novela muestra elementos interesantes a considerar. Si bien no me gusta el enfoque que la otorga la autora, se expone la temática de la menopausia desde la emancipación de la mujer y desde su consideración como un ser abocado a la reproducción y a la crianza. Por otro lado, la novela habla del matrimonio o vida en pareja, y de la rutina en que se instaura cuando la relación se ha basada en un no-hablar que finalmente termina siendo el comunicar que ya no se sienten igualmente movidos por el otro, mermando la confianza y la pasión inicial. La autora nos deja entrever además, las apariencias, en un mundo donde el estatus profesional abre puertas y te deja expuesto, o bien donde, el cuerpo es totalmente criticado y las conversaciones fluctúan entre el poseer y los escándalos sociales. También se vislumbra en parte la segregación y la precariedad en la atención pública, sin embargo, lo vemos casi llegando a los puntos culmines del libro, y no como plato fuerte.

“Como el máximo valor que la sociedad nos concede es el de la maternidad, cuando ésta se convierte en una imposibilidad física es como que nos sacaran la alfombra, y nos quitaran el asidero donde reside nuestra identidad, el valor que nosotras nos damos a nosotras mismas”.

Con respecto a la construcción de los personajes, algunos me han parecido mejor perfilados que otros, sin embargo, no puedo dejar de sentir cierta incomodidad con éstos opuestos tan marcados. Ernesto, amante ideal, comprensivo, intelectual, galán y seductor por naturaleza junto a Fernando, que es poco comunicativo, rutinario, incomprensivo y con una inteligencia emocional que dista mucho de su inteligencia en el plano de la medicina.

El estilo narrativo de Gioconda Belli sigue la misma línea que en sus novelas anteriores, tiene ese aire misterioso, con énfasis en su prosa que roza lo poético todo el tiempo. La novela en general me pareció algo lenta, con algunos momentos ágiles y entretenidos, especialmente en torno a los momentos eróticos, pero con un final que me dejó un sinsabor y que no mejoró mi percepción general de la historia. Resumiendo, una novela que mayormente no me gustó, pero de la que pude rescatar algunos elementos positivos. Un desagrado que expreso con pena, porque hasta el momento había disfrutado enormemente de Belli. Insistiré con las novelas que me faltan de ella, claro que, no tan esperanzada como antes.

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“El ciclo animal de las mujeres le es demasiado elemental, mamífero. Ningún hombre quizá lo admitiría. Ninguno lo hablaría con otro. No se transgredían esos límites, ese pacto de silencio dentro del género; el ente masculino desprovisto de esas particulares glándulas y cavidades se considera afortunado al no padecer esa pertinaz biología. Es quizás la atávica razón para sentirse superior, destinado a los afanes del pensamiento. No se le puede explicar a las mujeres. Hay que ser políticamente correcto, aceptar que todos son iguales pero no es cierto”.

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